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...Existe, que yo he estado allí y lo he visto. Y de no existir habría que inventarla; aunque sólo fuese por los pastelitos y chocolates que pueden volverte -más- loco en los obradores que también existen en Teruel; donde las obleas no son planas, sino un crujiente manto de volantes cuajado de nueces, almendras o piñones. ¿Se le ha hecho la boca agua...?
Lástima que, en esta ocasión, tuviésemos apenas un par de horas para pasear por allí, y lo hicimos musitando frases recurrentes: No puede ser.... Tanta belleza junta es imposible... ¿Tú estás viendo lo que yo veo...?


Y claro, con un atontolinamiento tal, no hay quien haga una toma buena, así que les ruego comprensión a la hora de visionar las imágenes. También pido que tomen por buena una sugerencia que, seguro, no les defraudará: Hagan una escapada a Teruel en cuanto su bolsillo y tiempo se lo permitan.


El modernismo, más que convivir con el mudéjar y gótico/mudéjar está conchabado con éste para no dejar que mastiques con sosiego los ricos pastelicos de Núñez, en la Plaza del Torico.

Muchas imágenes tomadas en iglesias, pero pocas pude salvar, pues en todas estaban celebrando misa y no fue fácil robar fotos. No olviden visitar cada templo que encuentren en su camino, y aunque no esté reseñado en los folletos turísticos. Tampoco olviden visitar la catedral para contemplar su celebérrimo artesonado -prefiero no poner peores fotos- una joya única, prometo.
La iglesia de San pedro -imagen anterior y siguiente-, en estilo gótico/mudejar, cuenta con una policromía relativamente moderna. Una vez que entras no es fácil querer salir de allí. Muchas sorpresas en un conglomerado de estilos, artistas y tiempos que nos llevarán desde el medievo hasta las recientes y muy coherentes intervenciones de arquitectos y artesanos catalanes -pintores y vidrieros-. No olviden pasar por allí y descubrirán qué relación tiene este templo con el de La Sagrada Familia, en Barcelona.






















